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viernes, 15 de abril de 2011

Pintores del XX: Klee

Los más frescos y emocionantes paraísos infantiles del XX están recreados en las telas, papeles y cartulinas del Paul Klee. Y no deja de ser paradójico que hayan salido de la mente de uno de los pintores más agudamente reflexivos de la historia reciente de la pintura. Klee huyó a conciencia del legado clásico de Grecia e Italia para refugiarse en el bárbaro poder de la imaginación. La luz de África le ayudó a ver que el mundo que sus ojos registraban, el mundo fenoménico, no era el único mundo posible. Y se dispuso a dar cobijo en su obra a las otras realidades: la subjetiva, la poética, la espiritual. 
Como dijera Tristan Tzara, "el arte, en la infancia del tiempo, fue plegaria". Así, en los delicadísimos fetiches de Klee palpitan las oscuras potencias del cosmos, vibrantes de color, ejecutando el milagro de la visualización. Klee debió de pensar que como el mundo ya existía no tenía sentido volver a hacer una réplica de él. Y se dedicó en cuerpo y alma a escarbar en las esencias más puras de la realidad. Por eso sus obras nos hablan del inconsciente con una pasmosa voluntad de mantenerse fuera de este mundo. Misterioso, alegórico, analógico, Klee es en la pintura alemana "la salida de la luna en el Sur".

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