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lunes, 11 de abril de 2011

Égloga de la Tarde

(Me gustaría mucho que el poema pudiera leerse con la música de Einaudi de fondo, y que la lectura y la audición se fundieran como la lluvia fina en el mar)



Cae la luz pulimentada de este atardecer
tan puro. Los niños del campo
hacen silbatos con los tallos huecos
de las ortigas y absorben el néctar
de las flores.
Quisiera perderme en esta república de sombras
y abandonarme a los sentidos y no regresar.
¿Qué hora es en la penumbra?
¿Quién me liba estos besos al oído?
¿Qué artilugio puede enfrentarse
a la terca eternidad de este momento?
No arrulla ya la tórtola ni canta el mirlo
ni bajan los barcos por el río...
Quisiera hacerme un manto de hojas secas
y acurrucarme en un hueco de la tierra
y abrazarme al viejo sauce y esperar
a que vengan a buscarme las tinieblas.

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