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domingo, 10 de abril de 2011

Borges Virgen

"El señor murió virgen". La que fuera mucama del señor Borges se muestra así de lapidaria en una sentencia sin complejos que desnuda a su antiguo amo frente al mundo y sus atribulados lectores. Epifanía Uveda de Robledo, el historiado nombre de la indiscreta ex criada, a pesar de haber llevado cuarenta años al servicio del escritor se ve que no logró impregnarse de su elíptico y decoroso estilo, y en una frase que no tiene vuelta de hoja lo ha instalado en el camerín de los irreparablemente vírgenes, al menos, en el sexo femenino. "Pobrecillo, no tuvo nunca relaciones con ninguna mujer (...) No era algo que le interesara, le tenía pánico". Vale, pero a cambio, y quizá para compensar tamaña apatía, se encerró en una biblioteca, que es otra forma de encerrarse por pasión. Y a fe que supo aprovechar esas miles de horas en compañía de querencias tan productivas como la Cábala, el Aleph, las literaturas germánicas medievales, Walt Whitman, la Biblia, Martín Fierro y algunos selectos traidores y héroes. Sin duda todas ellas compañías menos recomendables que una esposa complaciente, según doña Epifanía. Para ella Borges sólo es "un pobre señor que murió virgen". Y puede que hasta tenga algo de razón en su compasión resentida de fiel sirvienta despedida, para colmo, por una viuda intacta y japonesa de la que apostilla que lo maltrataba y "un día lo empujó en la puerta del ascensor". Ya se sabe que el exceso de roce nos hace perder la perspectiva y hasta el equilibrio.
Sea como fuere, para Epifanía, la indiscreta, Borges era básicamente "un pobrecillo que murió virgen". Y, ahora que lo pienso, el dato empieza a resolverme más de una duda sobre su asexuada literatura y su purísimo estilo. ¡Mira que si la tal Epifanía Uveda de Robledo hubiera hecho con sus chismes una inestimable contribución al corpus crítico borgiano!

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