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lunes, 25 de abril de 2011

CUERPO DE AMOR: ALDA MERINI

Poetizar la figura de Jesús en estos tiempos tan osadamente prosaicos es asumir un riesgo añadido al riesgo que toda empresa poética conlleva. Hacerlo en la plenitud de una biografía creativa de largo recorrido, con la reputación en sus máximos niveles y a la eterna espera de un Nobel que no llegó, como es el caso de Alda Merini, es ya jugar con fuego. Merini lo hizo y salió indemne. Indemne no, salió reforzada, refrescada. Como ser humano pero, especialmente, como poeta. 
Cuerpo de amor fue su penúltima osadía (2002) y es una obra inatacable. Se incardina en la tradición de la poesía mística cristiana empezada a practicar en la Edad Media y que alcanza su cenit con San Juan de la Cruz. Una poesía que busca el encuentro con Jesús y que, a la vez, no intenta evitar la interpretación erótica de ese encuentro. Pero que, en esencia, es un inmisericorde ejercicio de introspección destinado a purgar, hasta la total desinfección, el alma herida.
Dice, por ejemplo, de la fe en Jesús: "Quello che mi dici non ha importanza,/nessuno dei due ascolta l´altro/perché i nostri richiami sono calati in un mondo/dove viviamo solo io e te/in compagnia di un amore/che non discuterà mai nessuno/perché a nessuno ne abbiamo parlato". Lo que me dices no tiene importancia,/ninguno de los dos escucha al otro/pues nuestras demandas alcanzaron un mundo/donde sólo tú y yo vivimos/en compañía de un amor/que nadie podrá discutir jamás/porque con nadie lo hemos hablado".
Pero el campo de batalla está ahora, en un poeta moderno, en la Lengua y el Pensamiento. Dice Merini: "Il pensiero di Dio fu un pensiero gigantesco, un pensiero talmente gigante che sconvolse albe, tramonti, terre, tenebre, un pensiero che noi non potremmo mai capire perché è di una vastità tanto bella quanto inutile, rispetto ai nostri desideri". El pensamiento de Dios fue un pensamiento gigantesco, un pensamiento tan enorme que devastó albas, ocasos, tierras, tinieblas, un pensamiento que jamás podremos entender, pues es de una vastedad tan bella como inútil, comparado a nuestros deseos.
Y dos versículos más: "El gran miedo nace al ver que los demás pueden leer en tus ojos lo que piensas de ellos, por eso se mataba a los esclavos" (...) "El árbol echa sus raíces en el miedo y la semilla antes de crecer aprende a morir".

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