jueves, 8 de marzo de 2012

Nube de esta tarde

Nube de esta tarde, espesa, cerrada
que el cielo te guarde en su azul alborada.
Nube caprichosa, juguete del aire,
nadie más hermosa que tú esta tarde.

martes, 6 de marzo de 2012

Lucio Dalla: In Memoriam

Dalla se disponía a celebrar sus 69 años cuando la muerte le atacó en Montreaux, donde estaba de conciertos. Así que la muerte lo dejó para siempre al borde de sus 69 años, alegre, vital y lleno de proyectos.
Bolonia ha perdido un trocito de su identidad pero los miles de boloñeses que el pasado domingo abarrotaban la Piazza Maggiore y la iglesia de San Petronio respiraban a Dalla en el aire triste de la ciudad. "Bologna ti respira" podía leerse en una nota depositada bajo la puerta del número 15 de via d´Azeglio, por la que la muchedumbre no paraba de pasar en procesión.
Lucio Dalla quizá ya no fuese el mismo autor que compuso "Caruso", aquella canción que volvió a popularizar al fallecido tenor napolitano enamorado de una joven alumna en sus últimos meses de vida en Sorrento, pero seguía siendo un cantante querido y admirado por su portentosa capacidad de autorrenovación y transformación permanentes. Cantante de la luna, enamorado del mar (stella di mare, la casa in riva al mare, come é profondo il mare, etc.), con voluntad de poeta y espíritu de niño.
Su muerte, además, ha tenido algunos efectos colaterales de orden interno en la sociedad italiana. Ha vuelto a despertar, por ejemplo, la cuestión siempre latente de la hipocresía social del pueblo italiano con respecto a comportamientos en el ámbito de la moral privada. Y es que en lo sexual Italia sigue siendo uno de los países europeos más pacatos e hipócritas. Así, de Marco Alemanno la prensa italiana ha estado diciendo, hasta que la presentadora televisiva y expresidenta de la RAI Lucia Annunziata ha tenido el coraje de destaparlo, que era un amigo y colaborador íntimo del cantante cuando en realidad era, pura y simplemente, su pareja sentimental. Y desde hacía varios años.
Al mismo tiempo, Dalla no se arrugaba en público al confesar su profundo catolicismo y su devoción por un personaje tan controvertido como José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei. En fin, un ser humano complejo y poliédrico, como casi todo el mundo. Y un cantante excepcional, como él solo. 

domingo, 4 de marzo de 2012

Metropol-Parasol, ¿para qué?

Cada vez que salgo al centro me tengo que topar con esas boinas tipo ovni de serie B que el diseñador y arquitecto tecnologizado Jürgen Mayer ha tenido a bien plantar en medio de la ciudad para cubrir un simple y municipal mercado de abastos a la espera. Me resultan tan cómicas e inoportunas, tan irritantes para el ojo, que últimamente he decidido dar un rodeo para evitarlas.
La plaza de la Encarnación de Sevilla era desde 1973 un espacio que la ciudad solo pudo utilizar como cochera de autobuses o aparcamiento en superficie. Cuando yo llegué a Sevilla ya la vi vallada y únicamente podía atravesarse circunvalando su enorme rectángulo. Luego vinieron los consabidos años de obras con sus correspondientes desvíos de presupuesto y, por fin, en el 2011 la pudimos ver incorporada a nuestro patrimonio urbano y a nuestro devenir diario. Sin embargo, cuando llego a ella sigo haciendo el mismo desvío de antes. O bien doblo a la derecha o bien, a la izquierda -dependiendo de adonde me dirija- para caminar por sus laterales porque cruzarla por su centro, pasearla, me supone un esfuerzo y una pérdida de tiempo que considero inútiles: el de subir y luego bajar sus buenos tramos de escaleras pues la plaza (por cierto, rotulada con el impropio nombre de Plaza Mayor) está concebida en altura con el fin de que sobre la rasante de la calle pueda accederse a los distintos puestos del mercado así como a otros locales aun por explotar.
Y no solo el recorrido no ha mejorado sino tampoco la sensación visual. El volumen edificado es tan aparatoso, tan desmedido y arrogante que el espacio parece encogerse, como si hubiera menguado por succión.
En realidad, cuando te paras un rato y te quedas observando el edificio no puedes sino preguntarte ¿y todo esto para qué? Ya no hablo del disparate presupuestario, más de 86 millones de euros, y no entremos en detalles... Me refiero a su función. Seis boinas futuristas levantadas en diferentes alturas que parecen cubrir como copas arbóreas una superficie vacía, desestructurada, ilegible y ediliciamente insostenible pero, eso sí, muy vistosas y espectaculares, sobre todo si se ven iluminadas en la noche.
En fin, ¿qué quieren que les diga? ¡Pura retórica de la tecnología sin cuento!
En el subsuelo, y como sosteniendo todo el tinglado con un poco de cultura antigua, el Antiquarium, un apósito arqueológico que unas veces en vitrina y otras a través del metacrilato nos viene a recordar cómo debió de ser la ciudad romana, visigoda y almohade en un totum revolutum a caballo entre el museo y el parque temático levemente etnográfico.
Lo dicho, que ya tenemos nuestro Centre Pompidou, nuestro Guggenheim, sólo que sin nada que mostrar, a la intemperie, excepto en lo alto pues allí, desde sus cubiertas, puede disfrutarse de una panorámica espléndida del muy pintoresco caserío sevillano. Sin duda, lo mejor del edificio que así queda convertido en mirador. Pero, ¿para eso tanto aparato?

martes, 28 de febrero de 2012

El Dolor de los Animales

La raiz del sufrimiento es muy probable que se esconda en el deseo. El hombre es la única especie que desea, es decir, que proyecta en el futuro las pasiones que siente con el fin de ejecutarlas tarde o temprano, pues una pasión no ejecutada se convierte en seguida en frustración y angustia.
Es precisamente en nuestra naturaleza humana, en eso que hemos dado en llamar alma, donde hay que ir a buscar el impulso del mal.
El instinto de caza palpita en nuestros genes desde que el hombre tiene memoria de sí mismo, desde antes incluso. Los animales, naturalmente, también cazan. Pero no he visto nunca a ninguno que lo haga por aburrimiento, costumbre, placer o incluso por revancha. Su instinto de caza está hecho de otra pasta.
Mucho me temo que junto a nuestro instinto de caza o mezclado con él late otro instinto de diferente índole y distintivamente nuestro, el que antes llamamos "impulso del mal". Ese que lleva al niño a apedrear a un gato de la calle, a inflar hasta reventar a las ranas de las charcas, a pisar y hacer crujir a los saltamontes y los caracoles, el que lleva a los hombres a tirotear a los bisontes desde los trenes en marcha, a disparar a los pajarillos para verlos caer a plomo, a colgar a los galgos inútiles de las ramas de los árboles, a cazar mufones y venados para ¿decorar? salones con prosapia, etc. etc.
A estas fieras humanas, grandes y pequeñas, que matan por avaricia, afición, costumbre o divertimento habrá que recordarles que ningún animal se enfrenta al hombre para vivir y muy pocos tan siquiera para sobrevivir. Que los animales tienen un sistema nervioso que también se excita ante los estímulos y sufre dolor con las agresiones. Quienes saben observar comprenden en seguida que los animales que nos acompañan responden psicológicamente de forma parecida a la nuestra cuando se les somete a acoso, violencia o tortura: elevación de la presión sanguínea, dilatación de las pupilas, pulso y respiración agitados, alteraciones del comportamiento, etc; y saben que los animales, especialmente los mamíferos, no son ajenos a los sentimientos y las emociones, localizados en su diencéfalo. Aunque, bien mirado, recordarles todo esto sea en vano y hasta se lo tomen a mal.
Lo peor de un bárbaro es que no sepa que es bárbaro.

miércoles, 22 de febrero de 2012

La Fanta de Franco


LA FANTA DE FRANCO


A Franco lo que más le gustaba era tomarse una Fanta. Y no es fantasía. Lo dice su médico, el doctor Vicente Pozuelo, que se las veía beber entre hoyo y hoyo de La Zapateira, el club de golf cercano al Pazo de Meirás.
Reacio al vino y desdeñoso con todo tipo de licores, Franco sólo se permitía en público la ingesta de alguna que otra cerveza, pero en privado y en su círculo más íntimo no se resistía a pimplarse unas Fantas. El doctor Pozuelo, su sombra perenne y clínica en los meses finales de su vida, no escatima tinta en revelaciones de parecido jaez, tan enjundiosas y pilóricas para el completo estudio antropológico de tan superlativo personaje. Revelaciones que pueden leerse bajo el puntual rótulo de “Los últimos 476 días de Franco”, ni uno más, ni uno menos. El libro, conviene subrayarlo, no tiene desperdicio, no por su valor literario –que es nulo- ni por sus confidencias embarazosas, pues está escrito desde la más genuflexa pleitesía, sino por las numerosas y desternillantes escenas que intenta poner en pie con meritorio esfuerzo. Todo un rico yacimiento de imágenes para un inquieto director de cine con ganas de tratar la figura del Caudillo con ánimo desmitificador pero sin necesidad de revancha, a la manera berlanguesca, para entendernos. Otra cosa es que queden directores así en nuestro país…
Por ejemplo: Franco ensayando una y otra vez, con conmovedor denuedo, la técnica del repentizaje con el fin de contrarrestar el declive de sus reflejos mentales. Así, podemos encontrarnos al doctor asumiendo los sucesivos papeles de presidente del Sindicato Nacional del Carbón, de presidente de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, de presidente de los Astilleros de la Armada, los tres en audiencia para presentar sus respectivos respetos, y Franco improvisando unas respuestas protocolarias y más o menos coherentes con lo que le quedaba de su vocecilla temblona y monocorde en apenas sesenta segundos. Lúdica terapia que por lo visto le divertía mucho.
O Franco metido en una heterodoxa rehabilitación de piernas al bravo compás de marchas militares e himnos de la legión por pasillos, despachos y salitas del Palacio del Pardo –un, dos, un, dos-, el paso lo más marcial posible para robustecer sus nonagenarias piernas, fisioterapéuticamente hablando.

O Franco ejerciendo de decorador de interiores y haciendo caso omiso a la Señora (su mujer) a cuenta de un vistoso faisán blanco, taxidermizado con macabro gusto, para el que no conseguía encontrar justo acomodo entre el oscuro y macizo mobiliario de su pazo gallego… Y así, unas cuantas escenas más.
Con todo, me sigo quedando con la Fanta, bebida castrense donde las haya. No me digan que no es impagable esa imagen de Franco en el bar del selecto club de golf y un camarero de bruñido smoking blanco que se le acerca y le pregunta con la mayor consideración: “Excelencia, ¿qué desea usted tomar?” Y el Generalísimo que dice, después de secarse concienzudamente las gotas de sudor que bajan de su bigotito cano y como si nada: “una Fanta, por favor.”


viernes, 17 de febrero de 2012

Advertencia para ilusos (de José Luis Pardo)

Alemania, año cero
Esto dice José Luis Pardo en su cavilación de este viernes en El País. Como su lectura es muy pertinente y -lo confieso- me hubiera encantado redactarla a mí (me temo que me queda todavía un buen rato para lograrlo) me consuelo con transcribir algunos de sus momentos estelares:
"Es verdad que los escombros entre cuyos espectros hoy vagamos como aquel niño de Alemania, año cero son las urbanizaciones sin compradores, aeropuertos sin aviones, trenes sin viajeros, periódicos sin lectores, ciudades de la luz, de la imagen, de las artes o de  la cultura sin luz, imagen, artes ni cultura, autovías sin automóviles, viviendas sin habitantes, hospitales sin médicos, universidades sin estudiantes y tantos etcéteras; y que no son la consecuencia de los bombardeos aéreos sino de la larguísima confusión de la política -la nacional y la nacionalista- con un juego de poder que no tenía más contenido que su propia perpetuación siempre ampliada (...) Los que abandonaron los ideales tenían tanta prisa por echarse en brazos de las ilusiones que pasaron de largo ante las ideas, que están justamente a medio camino entre los unos y las otras, y ahora no recuerdan dónde se las dejaron olvidadas (...) El realismo que ahora se ensalza, para empezar, no es un realismo político, sino únicamente económico o simplemente contable. Las cuentas deprimidas sólo generan depresión (económica y anímica), pero de ellas no nace ninguna idea política relevante. La creencia en que nos haremos ricos a fuerza de empobrecernos mediante el sacrificio masivo de empleos, salarios, pensiones y servicios no se puede considerar "realismo" (como no sea realismo mágico) (...) Si la insostenibilidad del ilusionismo es ahora evidente, también empieza a atisbarse la criminalidad de este nuevo idealismo en las escenas que llegan de Grecia, en la brillante invención de algunas administraciones españolas de castigar a los enfermos rebajándoles el sueldo cuando están de baja médica..."

Espero que este aperitivo les abra el apetito y lo lean entero.

jueves, 16 de febrero de 2012

Van Gogh chez Rodin


                                               VAN GOGH CHEZ RODIN


Que Rodin fue de un apetito global y persistente también como comprador de objetos artísticos lo atestigua su amplia y curiosa colección privada. El Estado francés, que durante decenios no había hecho demasiados méritos para merecer ningún obsequio del artista a pesar de que en los últimos años se había impuesto enmendar su apatía, se encontró en 1916 con la agradable responsabilidad de gestionar no solo su colección privada sino la totalidad de la obra personal que aun Rodin mantenía en su poder. Una donación integral que incluía, además, su amplísimo e interesantísimo archivo fotográfico.
Recorriendo las salas del actual museo Biron, exquisita mansión aristocrática que de no ser por Rodin el Estado –su propietario desde 1905- habría demolido, a uno le sorprende que entre las escogidas adquisiciones del escultor pueda disfrutarse de uno –quizá el mejor- de los tres retratos que Van Gogh pintara de su amigo Julien Tanguy, entrañable vendedor de pigmentos y tubos de colores a la flor y nata de la pintura moderna, Cézanne, Degas, Renoir y Monet incluídos.
Rodin entre su colección
Y digo que resulta sorprendente porque si uno se pasea por esas salas y además ha leído las opiniones que sobre arte se han publicado del propio Rodin no dejará de parecerle extraño que la misma persona que afirmaba sin rubor que un decorador de líricas escenografías a base de figuras anestesiadas como Puvis de Chavannes era el artista contemporáneo “más digno de admiración y respeto” (“pensar –dice- que vivió entre nosotros, que este genio digno de las más brillantes épocas del arte nos habló, que yo le vi, que estreché su mano…”) pudiera sentir el deseo de comprar no  una sino tres obras de un pintor como Van Gogh. Y comprarlas al poco de morir éste, cuando apenas nadie daba un duro por él y su obra desentonaba tanto en cualquier salón que se preciara.
De hecho aún hoy el retrato del bueno de Tanguy –una obra, por lo demás, de una modernidad sin precedentes, incluso dentro de la obra de Van Gogh- sigue desentonando entre sus vecinos de colección: básicamente desnudos femeninos de pintores como Falguière, Carrière, Lemoyne o el amigo Renoir.


Pére Tanguy, Van Gogh
Retrato fascinante por donde se mire y que probablemente Rodin comprara por recomendación de su amigo el escritor y crítico de arte Octave Mirbeau, muy aficionado también a las estampas japonesas, tan en boga en la época. Señalo este detalle porque, en efecto, es el otro gran protagonista del retrato. Me refiero al fondo, tan saturado de estampas y reproducciones japonesas de vivos colores que arrasaban por aquellos  años y que hicieron las delicias de los tres hombres unidos por esta formidable obra: Van Gogh (su autor), Rodin (su propietario) y Tanguy (su motivo).

lunes, 13 de febrero de 2012

Degas, el pincel como batuta

No me cansaré de repetirlo: Degas es un pintor seminal, una incubadora. De su obsesión por captar el movimiento (la característica más visual de la vida moderna) se deriva lo más novedoso del arte que está justo por llegar. Desde el cubismo y su tendencia hacia la secuenciación de planos hasta los primeros ensayos del arte cinético de gentes como Duchamp, Naum Gabo o Alexander Calder. Y yo diría que asimismo las primeras abstracciones de Kandinsky, tan deudoras de una cierta visión musical del movimiento, podrían interpretarse a la luz de algunos pasteles de Degas.
danseuse sur une pointe, Degas
El dibujo de Degas es danza, como lo vio perfectamente el poeta Valéry. Degas no pinta bailarinas, pinta el baile. No pinta caballos sino su cadencia y trote en el espacio. Lo que pinta son sus respectivos esfuerzos en movimiento. Y seguramente, en el caso de las bailarinas quisiera pintar también las lentas horas de ensayo, el cansancio físico de la eterna aprendiz. A veces, sin duda, también la miseria que se esconde debajo del tutú.
A Degas nunca le importó el modelo, ajustarse a él. De hecho, no tenía compasión por ellos. Lo único que le importaba era poder captar en un momento dado, en su justo instante, aquello que de él se mueve en el aire, aquello que desaparece en el momento de ocurrir.

El Abismo

El Abismo




De repente entre tú y la ventana
se cuela un silencio fortuito
y dejas de ver el paisaje
para pasar a considerar el silencio.
Y el silencio te lleva inexorablemente
a un lugar mucho más grande
donde no hay montañas ni ríos ni horizontes
sino un hombre que se asoma a una ventana
y ve abajo la magnitud del abismo.



viernes, 10 de febrero de 2012

Juan Ramón Jiménez y la Poesía

Juan Ramón Jiménez, poeta señorito, de apegos que, en su caso, rozan siempre lo patológico gozó del privilegio de poder vivir absolutamente para sí mismo. Pocos artistas que hayan aspirado a tal estado lo consiguieron de forma tan plena como él. Y esa abundancia de tiempo para la creación la empleó no sólo para escribir sino, a menudo, para reflexionar sobre lo escrito y, también, sobre lo escribible.
En una larga carta de respuesta a su "querido crítico poético" Luis Cernuda -carta sutilmente desdeñosa como era en él habitual- se encuentra, a mi entender, la exposición más nítida de su tan diseccionada poética. La carta, hay que subrayarlo, está fechada en julio del 43. A esas alturas el poeta puede permitirse reflexionar sobre su propia obra desde la atalaya de una experiencia artística que le posibilita la visión panorámica del conjunto de su poesía.
"Yo he desdeñado siempre, y más cada día, -le insiste a Cernuda- el asunto y la composición. Lo que siempre me tienta es la sensación que un fenómeno produce, la inquietud pensativa y sensitiva que queda después del asunto y antes de la composición; y lo que me interesa es libertar sensación e inquietud. Le recuerdo aquellas felices líneas del español Jorge Santayana que traduje hace años: "pero la poesía es algo secreto y puro, una percepción mágica que enciende el entendimiento un instante, así como los reflejos en el agua, inquietos y fugitivos. Mi verdadero poeta es el que coge el encanto de cualquier cosa, cualquier algo, y deja caer la cosa misma. Su sentimiento es estático, irónico, musical, triste. Sobre todo, involuntario".
Creo que en la escritura poética, como en la pintura o la música, el asunto es la retórica, "lo que queda", la poesía. Mi ilusión ha sido siempre ser cada vez más el poeta de "lo que queda" hasta llegar un día a no escribir. Escribir no es sino una preparación para no escribir, para el estado de gracia poético, intelectual o sensitivo. Ser uno poesía y no poeta".
La carta es prolija y sigue. Pero ya está todo dicho.
Y esto me recuerda las últimas palabras con que el propio Pasolini cierra su  filme "El Decamerón" en forma de pregunta: "¿Por qué realizar una obra cuando es mucho más bello soñarla solamente?".