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jueves, 16 de febrero de 2012

Van Gogh chez Rodin


                                               VAN GOGH CHEZ RODIN


Que Rodin fue de un apetito global y persistente también como comprador de objetos artísticos lo atestigua su amplia y curiosa colección privada. El Estado francés, que durante decenios no había hecho demasiados méritos para merecer ningún obsequio del artista a pesar de que en los últimos años se había impuesto enmendar su apatía, se encontró en 1916 con la agradable responsabilidad de gestionar no solo su colección privada sino la totalidad de la obra personal que aun Rodin mantenía en su poder. Una donación integral que incluía, además, su amplísimo e interesantísimo archivo fotográfico.
Recorriendo las salas del actual museo Biron, exquisita mansión aristocrática que de no ser por Rodin el Estado –su propietario desde 1905- habría demolido, a uno le sorprende que entre las escogidas adquisiciones del escultor pueda disfrutarse de uno –quizá el mejor- de los tres retratos que Van Gogh pintara de su amigo Julien Tanguy, entrañable vendedor de pigmentos y tubos de colores a la flor y nata de la pintura moderna, Cézanne, Degas, Renoir y Monet incluídos.
Rodin entre su colección
Y digo que resulta sorprendente porque si uno se pasea por esas salas y además ha leído las opiniones que sobre arte se han publicado del propio Rodin no dejará de parecerle extraño que la misma persona que afirmaba sin rubor que un decorador de líricas escenografías a base de figuras anestesiadas como Puvis de Chavannes era el artista contemporáneo “más digno de admiración y respeto” (“pensar –dice- que vivió entre nosotros, que este genio digno de las más brillantes épocas del arte nos habló, que yo le vi, que estreché su mano…”) pudiera sentir el deseo de comprar no  una sino tres obras de un pintor como Van Gogh. Y comprarlas al poco de morir éste, cuando apenas nadie daba un duro por él y su obra desentonaba tanto en cualquier salón que se preciara.
De hecho aún hoy el retrato del bueno de Tanguy –una obra, por lo demás, de una modernidad sin precedentes, incluso dentro de la obra de Van Gogh- sigue desentonando entre sus vecinos de colección: básicamente desnudos femeninos de pintores como Falguière, Carrière, Lemoyne o el amigo Renoir.


Pére Tanguy, Van Gogh
Retrato fascinante por donde se mire y que probablemente Rodin comprara por recomendación de su amigo el escritor y crítico de arte Octave Mirbeau, muy aficionado también a las estampas japonesas, tan en boga en la época. Señalo este detalle porque, en efecto, es el otro gran protagonista del retrato. Me refiero al fondo, tan saturado de estampas y reproducciones japonesas de vivos colores que arrasaban por aquellos  años y que hicieron las delicias de los tres hombres unidos por esta formidable obra: Van Gogh (su autor), Rodin (su propietario) y Tanguy (su motivo).

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