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miércoles, 30 de marzo de 2011

AGNICIÓN

AGNICIÓN


Si tienes el coraje de cruzar el alambrado
toma el camino que conduce a la sinuosa costa,
allí, como una nave anestesiada, dormita el hospital.
Hace tiempo que no lo pisa nadie y ahora en él
anidan los halcones y chillan las gaviotas.
Si te acercas verás los mordiscos del mar sobre sus muros
y las ventanas estalladas de tantos vendavales.
En los corredores donde en otros tiempos se oían voces
se escucha hoy el silbido del aire entre corrientes
y el ronquido del océano en los días de tormenta.

Todo, todo en su extensión es landa al sol,
más seca que el esparto.
Deja entonces que el miedo encuentre su salida,
el miedo teme al hombre que contempla,
y dí si acaso el esfuerzo no mereció el encuentro.

Sentada y olvidada de sí misma,
sin casa ni palabras ni recuerdo
ella a veces duerme y otras se fija
en el número de hormigas que se arrollan en su mano
o en la distancia de una ola abriéndose en espumas.
Ella ha perdido el juicio
igual que otros dictan leyes
y su vida es dejar pasar el silencio.
Ella a veces duerme y otras tiene frío
-alguien dijo que la verdad es sólo un perro abandonado-
y su vida es dejar que el silencio duerma
y tenga frío con ella.
Porque una vez en ti no te dejará,
se quedará a vivir contigo
y querrás que te cobije y te dé calma,
y querrás que no se vaya.

No. No hay tristeza en la muerte,
en la muerte no hay nada.


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