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jueves, 22 de octubre de 2015

Warhol/Beuys o el artista como obra


Andy Warhol, autorretrato






Andy Warhol y Joseph Beuys se sirvieron a lo largo de sus vidas de estrategias opuestas para alcanzar, a la postre, un mismo objetivo: la autoconsagración del artista. Tomando el testigo de Duchamp –siempre adelantado en la astuta práctica de convertir la obra de arte en artefacto conceptual tributario del artista- ambos señalarán los dos caminos principales por los que el conceptualismo transitaría a partir de los sesenta del pasado siglo. Por un lado la “representación” warholiana, del otro, la “presentación” del carismático alemán.

Si a Warhol le animaba la escenificación del artista como estrella mediática (“Si alguien quiere saber todo acerca de Andy Warhol solo tiene que mirar la superficie de mis pinturas, de mis películas, de mí mismo. Ahí estoy, no hay nada más debajo”), a Beuys, en cambio, le chiflaba el engorde de su propia leyenda como resucitado (recuérdese la historia de su rescate por unos campesinos de Crimea en 1943), la cual facilitó, desde entonces, el tema del artista taumaturgo capaz de recuperar para la sociedad parte de su energía vital perdida por culpa de haber despreciado sus vínculos con la naturaleza y el cosmos. Su famosa performance  de 1974 “Coyote: I like America and America likes me” es paradigmática en este sentido, y no debe ser entendida tanto en clave de crítica anticapitalista cuanto en sentido redentorista, a la manera de un nuevo chamán que utiliza la acción artística como el fraile Savonarola utilizaba el púlpito.


Joseph Beuys, Coyote... 1974

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