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jueves, 22 de enero de 2015

LA MUÑECA DE KOKOSCHKA

LA MUÑECA DE KOKOSCHKA

Kokoschka sufría de soledad. Sufría apasionadamente. Cuando era profesor en la Academia de Dresden en los albores del siglo XX, en sus ratos libres, se hizo con sus manos un maniquí de tamaño natural con formas de mujer, según dijo a sus alumnos, para enseñar los principios de la anatomía humana. Pero un día empezó a sacarlo de la escuela y se paseaba con él hasta su casa. Al principio la gente no se atrevía a decir nada, “cosas de un artista que enseña anatomía” farfullaban por lo bajo.
Un día se le vio con la muñeca sentado en un palco del teatro y la cosa empezó a resultar un poco más embarazosa. Kokoschka la sentaba a su lado, la trataba con gran mimo y hasta hubo algunos que le vieron susurrándole palabras al oído. Entonces todo el mundo empezó a hablar de su patética extravagancia y unos pocos de sus amigos terminaron por entender hasta qué punto Kokoschka sufría la terrible soledad de los inadaptados.

Cualquiera que haya visto los retratos de Kokoschka de esos años entenderá mejor por qué más que pintar el artista austríaco prefería destripar a sus modelos hasta hacerles imposible la visión de su propia imagen. Era Kokoschka finalmente quien salía retratado.

"El profesor Auguste Forel", 1910

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