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jueves, 18 de julio de 2013

Subodh Gupta: Bollywood´s Art.

El otro día estuve en el CAC, como siempre que regreso a Málaga. Es una forma cómoda y barata de asomar la cabeza al arte actual que se hace por ahí fuera. Vaya por delante mi reconocimiento a empresas como esta, de acreditada trayectoria en el, parece que condenado, yermo campo andaluz de espacios dedicados al arte contemporáneo internacional. La oferta era doble: el indio Subodh Gupta y el español Eduardo Arroyo. Mi interés, en cambio, solo uno: Gupta. Había visto ya algo de él hace unos cuantos años, creo que cinco, en la Saatchi Gallery de Londres, una especie de enorme platillo volante hecho de ollas de latón dorado que, en aquella larga sala, me hizo cierta gracia. Ver ahora un popurrí reciclado de algunas de sus más aireadas obras me ha dejado, por el contrario, y como diría Lola Flores, “muy digustá” (sic).

Instalaciones de Gupta en el CAC

Aunque no se trate ahora de pormenorizar con precisión crítica mi disgusto, intentaré aportar algunas breves razones. Pongamos cuatro:

1ª. Subodh Gupta comparte con Anish Kaapor apenas dos características, y las dos son accidentes: la nacionalidad y la fama. A diferencia de Kaapor en Gupta no hay poesía. Y no puede haberla, por mucho que se empeñe Fernando Francés en su hiperbólico panegírico que ha escrito como comisario, porque el mensaje es tan explícito que ahoga el esfuerzo formal. La lectura sociológica es tan sencilla, tan directa y tan trillada que difícilmente queda sitio para el extrañamiento o la simple evocación. Así pues, Subodh Gupta no es Kaapor.
2ª. Subodh Gupta tampoco es Duchamp, ni siquiera un nieto postizo, a pesar de que algún periodista británico, sin duda más aficionado que perito en el arraigado arte de las filiaciones artísticas, se empeñe en remarcarlo. La monumentalidad y aparatosidad de la mayoría de sus instalaciones malogra el presumido aura del llamado ready-made, solo posible en la pieza pequeña y de significación concentrada. Salta a la vista que entre Duchamp y Damien Hirst, Gupta estaría más cerca de este último. De hecho, ambos comparten similar gusto por las calaveras rutilantes.
3ª. Subodh Gupta abusa hasta el hartazgo de varios recursos de la instalación contemporánea, a saber: la ampliación de escala, la repetición seriada de módulos formales y el objeto de uso cotidiano descontextualizado, buscando en todos ellos el efectismo escenográfico y sin aportar en ninguno la más mínima novedad de significado.
4ª.  El mensaje cultural y político de Subodh Gupta parece querer buscar sus raíces en la India (en concreto, en su Patna natal, a orillas del Ganges) pero el ritual que utiliza está tan estereotipado que termina por ser una estrategia más de éxito comercial. Sus esculturas e instalaciones son obras que podrían haber salido de la imaginación (no sé si también de la mano) de cualquier artista occidental ostensiblemente comprometido con discursos de género, feministas, anticolonialistas o geopolíticos. Sus cacerolas, sus platillos volantes y sus barcas cargadas de cacharros lucen igual de bien y quedan igual de correctos en Nueva Delhi que en Londres o Miami.

Barca tradicional, S Gupta
 Postdata: Sugiero a los responsables del folleto informativo del CAC que se abstengan de utilizar la Wikipedia como bibliografía básica para redactar la biografía artística de los artistas que exponen. En el caso de Subodh Gupta la traducción del inglés en algunos párrafos no deja lugar a dudas.


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