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viernes, 13 de mayo de 2011

Rothko pintor y pensador

Para ver adecuadamente a Rothko hay que leer sus escritos. Rothko escribió mucho y muy bien, para ser pintor. Sus textos son de una sorprendente precisión analítica y exudan un amplio conocimiento filosófico, especialmente religioso.
Ver sus cuadros, seguir su carrera artística al hilo de sus reflexiones, meditaciones y conversaciones (muchas de ellas, publicadas) es la manera más fiable de entender el sentido e intención de su obra. Sin duda, él fue su mejor y más exacto hermeneuta, además de uno de los pintores más cultos y mejor formados de su tiempo.
Rigor, profundidad y coherencia son tres sustantivos que encajan a la perfección con el conjunto de su obra. Leer a Rothko es un placer casi tan intenso como ver sus pinturas seccionadas y terribles. Y debiera ser una obligación formativa para cualquier pintor joven con ínfulas de moderno. Dice en sus escritos por ejemplo:
"Nunca he pensado que pintar un cuadro tenga nada que ver con la expresión de uno mismo. Se trata de una comunicación acerca del mundo dirigida a otro. Si esta comunicación es convincente el mundo cambia. El mundo ya no fue el mismo después de Picasso o Miró. La suya fue una visión del mundo que transformó nuestra visión de las cosas. En arte, cualquier enseñanza acerca de la expresión de sí mismo es errónea y tiene que ver con la terapia. Conocerse a sí mismo es válido si el yo queda aparte del proceso. Pongo énfasis en esto, porque existe la idea de que el proceso de la auto-expresión tiene muchos valores en sí  mismo. Pero producir una obra de arte es otra cosa y yo hablo de arte como un intercambio".
El arte como un intercambio y no como una terapia. Si algunos jóvenes artistas, tan confundidos como egocéntricos, hubieran leído a tiempo a Rothko seguro que nos hubieran ahorrado un montón de situaciones embarazosas y ellos se hubieran ahorrado un sinfín de ocasiones de hacer el ridículo.

1 comentario:

  1. Sí, Fran, a muchos jóvenes artistas, y a otros no tan jóvenes, les faltan algunas lecturas que les ayuden a hacer la primera muda, la de la primera pluma de gallito de corral tan pertinaz como abecedeta.
    José Luna Borge

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