martes, 23 de agosto de 2011

la sombra del ángel

El sol ya declinaba y lamía con suavidad las grandes superficies y los pequeños volúmenes. Yo lo vi desde lejos, cuando me bañaba solo como todas las tardes de esa semana de julio en la playa de Caçela Velha. Lo vi bajar de una nube sin apenas movimiento de alas. Corrí hacia mis cosas porque me acordé enseguida de que en la mochila había metido la cámara de fotos. Lo hice sin pensar, casi como un acto reflejo. Me acerqué lo que pude pero con prudencia, sin querer ahuyentarlo. Y le hice la foto. Él estaba de espaldas, yo no sé qué miraba pero sus pies apenas rozaban la arena mojada.
Y después de apretar el botón ya no estaba. Fue apenas un segundo, el que se tarda en bajar la cámara del rostro. Levanté la cabeza, miré a todas partes pero ya no estaba.
Cuando quise comprobar la foto en el visor esto fue lo que hallé: era él, pero sólo su sombra.

sábado, 20 de agosto de 2011

El what a difference a day made de Ernestine

Lo han cantado grandes voces como las de Dinah Washington, Esther Phillips o Sarah Vaughan pero ninguna con tan seductora sofisticación como Ernestine Anderson.
Es curioso que después de haber grabado más de 32 albumes, haber actuado en los mejores festivales de jazz que en el mundo hay y de haber sido nominada, al menos que yo sepa, en cuatro ocasiones a los Grammy Ms. Anderson siga siendo apenas reconocida en España.
Creció oyendo gospel en Houston (Texas) allá por los años treinta y, sin embargo, no fue hasta 1958 y en un lugar tan aparentemente distante del jazz como Suecia que grabó su primera colección de canciones en solitario. Desde entonces su estrella no ha dejado de brillar en el firmamento del jazz, con más fortuna en Europa que en su propio país por extraño que esto pueda parecer.
Su versión de este célebre tema, que muy pocos saben que fue escrito originariamente en español por la compositora mexicana María Méndez (Cuando vuelva a tu lado se llama en español) es sencillamente insuperable.




Nostalgia de la Conversación

¿Qué ha sido, en nuestro entorno cultural más cercano, de la conversación? ¿Dónde ha ido a parar la deliciosa cháchara que todavía podía disfrutarse en las novelas no tan lejanas de Marcel Proust o Henry James? ¿Se acuerda alguien del encanto de aquel palabreo que al inicio de "En busca del tiempo perdido" ocupaba la ociosa monotonía vital de las viejas tías, hermanas de la abuela del narrador, en el jardín de Combray a la llegada de Swann? ¿Y de aquellos coloquios trepidantes y sutiles sobre arte y vida que conseguían modular la noche parisina en una de las novelas más maravillosas y desatendidas de Henry James como es "La musa trágica"? ¿Alguien se acuerda de todo ello?
¿En qué recóndito escondite desfallecen las civilizadísimas conversaciones en las que se hablaba un poco de cualquier cosa sin necesidad de agotar ningún tema o llevar siempre la razón, sino por el simple y elemental placer de sentirse en compañía? ¿Quién practica hoy la pausada sobremesa en la que se habla y se deja hablar sin mayor importancia sobre cosas que aparentemente no tienen la menor trascendencia?
¿Qué está sucediendo en nuestras costumbres europeas para que todo esto se sienta hoy como una costumbre declinante y un punto veleidosa? Los españoles, sin ir más lejos, que tan extendida fama tenemos de sociables y de pueblo próximo, cuando hablamos entre nosotros, en la barra del bar o en la mesa del café o en reuniones familiares, no tardamos ni dos minutos en subir la voz, imponer nuestras opiniones e interrumpir las de nuestros interlocutores. Y esto mismo he visto también en Italia o en Francia, por poner ejemplos cercanos.
Y a todo ello habría que sumar la desleal y terrible competencia del televisor, sempiterna presencia, siempre vociferante tanto en la cafetería como en nuestro salón-comedor, y que hoy se ve asistida y bárbaramente reforzada por los más variopintos y desagradables sonidos de los teléfonos móviles, siempre encendidos, siempre amenazantes.
¿Quién de nuestras amistades sigue aún hoy practicando la dulce y refinada costumbre de hablar por el gusto de hablar? Hablar a ritmo lento, consciente del tiempo que toma en el otro entender lo que se dice o se quiere decir, atento a las reacciones que despiertan las palabras, con humildad, con curiosidad, deseosos a la vez de convencer y de ser convencidos y, a veces, hasta de ser desmentidos. Y siempre sin darle a nada excesiva importancia.
Me temo que si hacemos la prueba y nos ponemos a investigar no sería esa la sensación que ahora nos llevaríamos. ¿Cuántas veces hemos comprobado que al poco de empezar una conversación con otra o más personas el presumible intercambio de opiniones se ha convertido en un asfixiante combate por certificar sin el más mínimo resquicio de duda las mutuas posiciones?
La obstinación, la incapacidad de aceptar sugerencias del de al lado, la falta de atención a sus palabras suelen ser letales para la charla prolongada y amable. Cuando ocurre el milagro y se produce esa comunión de intenciones, ese disfrute colectivo de la palabra, ese respeto elemental por aquello que sale del interior del otro, el tiempo vuela, se dilata sin apenas conciencia del paso de las horas. Y, poco después, cuando nos hemos despedido parece como si hubiéramos salido de un sueño; o de una novela escrita con parsimonia y delectación por un autor que no temiera amar a sus personajes.

viernes, 19 de agosto de 2011

Los Nuevos Desheredados se Rebelan (y Londres arde)

No sé si han leído al último James Ballard, al de novelas como Millennium People o Kingdom to Come. Si no lo han hecho, todavía están a tiempo de remediar el despiste y poder, si no entender del todo, al menos enfrentarse a los brutales acontecimientos recientes de Inglaterra y no tan recientes de Francia con algo más de perspectiva y referencias.
Para no horrorizarse con excesiva facilidad del presente conviene estar razonablemente advertido de lo que puede depararnos el inmediato futuro.
Es probable que la literatura no dé información directa de la sociedad en que se produce, pero algunos grandes novelistas del siglo pasado han sido dotados de una imaginación sociológica visionaria. James Ballard fue uno de ellos.
En sus dos últimas novelas ya citadas previó con gran lucidez lo que se avecinaba y ha terminado por ocurrir. Ambientadas en la periferia londinense, en esos terrenos minados como los llama Zygmunt Bauman (muy recomendable su "Modernidad Líquida"), susceptibles de explotar bajo la inesperada presión de un mal paso social, donde se hacinan los nuevos desheredados del capitalismo, embrutecidos a conciencia por los medios de comunicación de masas y abandonados de una educación pública de calidad, que no paran de crecer demográficamente, tanto como su rabia y resentimiento por su incapacidad económica para acceder a los nuevos objetos de deseo. Hablo, naturalmente, de televisores de pantalla plana, consolas, ordenadores y teléfonos móviles de última generación y toda la panoplia de sofisticados y deslumbrantes productos que la tecnología más desarrollada nos ofrece con pertinaz y siempre renovada constancia. Esos frustrados consumidores son los hijos del nuevo proletariado que hoy, en los suburbios de las modernas megalópolis, conforman unas incipientes y amorfas clases medias cada vez más alejadas de los niveles mínimos de consumo.
Comprar o no comprar, esa es la cuestión... Como afirma Bauman "hoy todos somos consumidores (...) por derecho y por deber" y no poder serlo es lo que más alimenta el malhumor, la rabia, la humillación y el resentimiento que terminarán canalizándose, con la excusa de cualquier mal paso del Estado, en un impulso ciego de destrucción y saqueo.
Ballard supo reflejar mejor que ningún otro pensador la mezcla de pobreza y aburrimiento, de sorda frustración y barbarie divertida que puede generarse en ese anonimato suburbial salpimentado de supermercados, boleras y pequeños negocios del tatuaje y del take-away.
Me acuerdo ahora de unas palabras de Pasolini de su última entrevista: "Sé por experiencia que el infierno está a punto de salir de nosotros mismos (...) y esta vez no se conformará con negociar acuerdos políticos de ningún tipo".
Lo que me parece urgente, lo que creo que ya ha llegado es el momento de exigir una reflexión radical sobre la naturaleza de nuestra civilización y, por ejemplo, empezar a analizar la idoneidad de ciertos mensajes nihilistas que desde ella enviamos todos los días.

martes, 16 de agosto de 2011

Consejos para una Nueva Crítica Literaria

1. No perder de vista que el autor es el responsable principal de aquello que el texto comunica y, a la vez, el garante de su estructura narrativa.
2. No dar demasiada importancia a la persona física y concreta del autor, ni tampoco a sus sentimientos ni opiniones personales.
3. Analizar, en primera instancia, las relaciones entre el autor y su texto y luego, si procede, entre el texto y el posible perfil del lector que lo aborda en cada época.
4. Olvidarse de cierta crítica francesa de la segunda mitad del siglo XX que proponía la eliminación del autor como si la obra fuese un absoluto, como si el lenguaje fuese una estructura autoregulada y gozase de una vida autónoma constituyendo su única realidad.
5. Desconfiar de la "teoría de la receptividad" porque en la práctica los análisis orientados al lector no suelen ser muy productivos.
6. Huir como de la peste de los métodos críticos más en boga hoy en los EEUU y en ciertas universidades europeas de escasa tradición cultural tales que los llamados postcolonial studies o cultural studies que se entretienen en estériles cuestiones de género desde unos enfoques a menudo feministas, raciales y/o sexuales. Todos ellos, beneméritos esfuerzos en el mejor de los casos, tienen mucho menos que ver con la crítica literaria que con ajustes de cuentas y desahogos de traumas personales.

jueves, 21 de julio de 2011

Paquita la del Barrio: ¿me estás oyendo, inútil?

Francisca Viveros Barradas, rubia peliteñida de contundente presencia, no es precisamente lo que un país quisiera exportar como representante de su cultura popular si lo que pretende es causar buena impresión fuera. Vamos, que Francisca Viveros Barradas, más conocida como Paquita la del Barrio, no es lo que se dice una "señora de la canción mexicana". Sin embargo, Paquita la del Barrio es toda una leyenda, dentro y también fuera de su propio país.
El bolero, la ranchera, la tambora y lo que se eche a la boca cobran cuerpo y ganan enteros de rabia cuando ella los hace suyos.
Hace más de quince años que Paquita abrió una cantina con su nombre en un barrio poco recomendable del Distrito Federal -la Colonia Guerrero- y allí en los días de actuación se siguen registrando llenos hasta la bandera y las listas de espera se aprietan de nombres y más nombres con ganas de oirla y verla. En el escenario Paquita se seca las lágrimas con las servilletas de papel en las que los clientes escriben sus pedidos mientras ella prorrompe en insultos y creativos improperios contra los hombres a los que reta con su  grito de guerra "¿me estás oyendo, inútil?"
Rata de dos patas es uno de sus más conseguidos vituperios a la masculinidad.Y una de sus mejores canciones. Si bucean en su biografía entenderán el por qué de tanta rabia y rencor...

Memoria de Portugal

La exquisita revista cultural Carmina que con tanto cuidado y primor editan mis buenos amigos de Alcalá de Guadaíra Lauro Gandul y Olga Duarte dedicó su número 3 a Portugal. Con tal motivo aparecieron dos poemas míos sobre nuestro país vecino. Corría el año 2007.
Portugal es un pais del que cada día me siento más cercano. Nací muy cerca de su frontera, entiendo más bien que mal su lengua y la leo sin apenas dificultades. Me gusta su música, su arquitectura y su gastronomía. Y sus gentes me parecen, con diferencia, más dulces y prudentes que las nuestras. Sin embargo, es ya un tópico afirmar que vivimos de espaldas a ellos. Incluso en regiones españolas que comparten fronteras con  las de ellos. Es así desde hace siglos y sin embargo creo que, si lo miramos bien,  la suma de las cosas que nos unen es  mucho más abultada que la que nos separa.
                  
                                                               MEMORIA DE PORTUGAL

     Pareciera como si el mundo todo
     se hubiera olvidado de Portugal
     y el país doliente ensayara el modo
     de redimir su apariencia espectral.
     Navío que encallara con la bruma
     varado entre un mar y un continente,
     hermanos de la lágrima y la espuma
     y el abrazo que siempre está pendiente.

     ¿Acaso duela más tanto abandono,
     tanta desgana de siglos contraída
     por ser vecina la indolencia vana?

     Te pienso Portugal y perfecciono
     la gloria de tu franca bienvenida
     cuando piso tu tierra lusitana.





La revista Carmina tiene su propio blog literario cuya dirección es: carmina.ekiry.com
 

La Postal del Verano

Para quienes el trabajo no está regulado por ningún convenio ni calendario laboral el verano es simplemente la estación de los calores. Esos meses en los que debes soportar el aire frío y viciado de las máquinas acondicionadoras si no quieres sufrir una lipotimia o algo peor mientras trabajas (en mi caso, en mi casa).
Pese a todo, siempre que puedo me escapo. Salir de la ciudad que habitas debería ser una costumbre promovida por las autoridades públicas de, al menos, los ministerios de Sanidad y Cultura. Yo la practico siempre que mis circunstancias me lo permiten. Y en verano me gusta elegir algún destino costero de playas tranquilas y despejadas en las que poder disfrutar del placer intenso del baño en el mar sin ser acosado por la presencia demasiado cercana de otros veraneantes. 
Tavira es el lugar al que he vuelto este verano. Allí las playas de Cacela Velha o Barril, por ejemplo, siguen siendo lugares razonablemente soportables incluso en los meses de julio y agosto. Los días de diario llegan a parecerse a paraísos naturales.
Mi perro, eso sí, suele venir conmigo. También a la playa. Algo, por cierto, que ya no te dejan hacer en España, donde los perros han pasado a ser considerados sospechosos de mala conducta simplemente por tener cuatro patas, en vez de dos, y correr así algo más deprisa que sus amos. Lo cierto es que siempre que puede, me quita el sitio (en esto también se ve que es buen amigo). Y mi silla me la encuentro ocupada cuando vuelvo del baño, lo que tengo que reconocer que me incomoda bastante.
Cualquier día me lo encuentro ojeando displicente el libro que acostumbro a traer conmigo y diciendo entre dientes: ¡tiene narices lo que este hombre lee en la playa!

viernes, 8 de julio de 2011

El Arte Contemporáneo: mísero escaparate de provocaciones

¿Por qué solemos tan a menudo perder pie ante el arte contemporáneo? ¿Por qué lo vemos como algo tan ajeno a nosotros y nos importa tan poco?
Parece como si para el artista que milita en la estricta contemporaneidad fuese prioritario ocultar a la posteridad los rasgos que caracterizan al hombre contemporáneo. De todo esto y de algunos detalles más se ocupa José Javier Esparza en su breve y ameno ensayo Los Ocho Pecados Capitales del Arte Contemporáneo.
Boca Blue, Ed Paschke
¿Sólo ocho? Desde luego, son todos los que están, aunque no estoy muy seguro de que estén todos los que son. En cualquier caso, y por resumir, aquí tienen los ocho pecados según Esparza:


1. El culto de la novedad.
2. La ininteligibilidad que se materializa en la desaparición del referente visible.
3. La laxitud del soporte.
4. Su naturaleza efímera.
5. La constante tentación de nihilismo.
6. La domesticación por el poder.
7. El naufragio de la subjetividad del artista.
8. Destierro del concepto y de la aspiración de belleza.

Bien es verdad que no todo el arte contemporáneo es así, pero Esparza habla de tendencias generales. Es muy interesante leer las penitencias que el autor impone a los artistas que aún están en disposición de querer volver a reconciliarse con el público, destinatario natural de su trabajo. Pero eso tendrán que descubrirlo por ustedes mismos...

jueves, 7 de julio de 2011

The beat goes on by Buddy Rich

Que conste que el tema lo compuso Sonny Bono. Sí, el que fuera marido y pareja musical de Cher y más tarde alcalde republicano de Palm Springs, California,  y destacado miembro de la Iglesia de la Cienciología. Entre otras extravagancias.
De hecho Sonny and Cher lo grabaron en 1967, pero la versión que de veras me gusta más es ésta, la de la Big Band de Buddy Rich, uno de los mejores baterías de jazz del siglo XX. En los años 40 del pasado siglo era el rey de su instrumento y grabó con gente como Charlie Parker, Art Tatum o Lester Young.
Por cierto, esta versión es del mismo año que la grabación original de Sonny and Cher, 1967, y, por tanto, quizá la primera de las muchísimas versiones que en el mundo ha tenido, la más lamentable, sin duda, la de Britney Spears.
La voz femenina que canta es la de la hija del gran Buddy, Cathy Rich que heredó de su padre, y a las pruebas me remito, un gran talento musical.