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lunes, 26 de diciembre de 2011

Degas, ese recalcitrante pintor único

La sensibilidad de Degas hizo sufrir a Degas toda la vida. Era un ser anacrónico ya en su propia época. Pertenecía a un tiempo en que la cortesía, el orden y el sentido del deber no admitían interpretaciones. Cuando esos principios no corrían riesgo Degas podía ser, en cambio, un hombre amable y hasta guasón. Sus amigos y conocidos lo han acreditado.
Cuenta Bonnat que estando en el Salón ante un cuadro de uno de sus alumnos, una escena de caza muy bien acabada, Cazador tirando con el arco, le preguntó: "Qué bien apunta, ¿verdad Monsieur Degas?"
"Sí, apunta a una medalla" fue la lacónica respuesta de Degas que sólo arqueó un poco una ceja mientras asentía con la cabeza. Eran las típicas ingeniosidades del pintor que se las permitía de cuando en cuando sin intención de hacer sangre pero que solían convertir a sus destinatarios en mariposas clavadas en un corcho.
Como pintor a Degas hay siempre que tratarlo aparte. Es un artista extremadamente refractario a cualquier intento de clasificación y en algunos aspectos, un auténtico pionero. Toulouse-Lautrec, Mary Cassatt o el mismo Picasso del período azul le deben muchos de sus recursos. Y de todos los que alguna vez han pasado como impresionistas es el menos impresionista.
-- Es preciso copiar y volver a copiar a los maestros en los museos antes de tener el derecho a copiar un rábano del natural. Después de todo, ¡para lograr un paisaje, no hay nada como el estudio de uno!
En realidad, Degas fue el verdadero pintor de la vida moderna y no ese oscuro y mediocre Constantin Guys que eligiera Baudelaire para justificar sus reflexiones sobre el tema. Degas, "el pintor clásico de la vida moderna"como a él le gustaba definirse. A través de sus incursiones en burdeles, espectáculos populares, tugurios de absenta y humo o habitaciones de alquiler Degas, el gran burgués cascarrabias, levanta acta de la nueva y triste situación de millares de personas abocadas a la explotación y la alienación de las grandes urbes modernas. Y entre todas las víctimas, Degas elige a la mujer. A la joven mujer sin medios que tiene que sobrevivir en la ciudad como sea.

En los dibujos y pasteles de Degas la mujer ya no ejerce de diosa o de ninfa núbil o de fascinadora de salón. Para él es Mimí, la vulgar cabaretera, la menesterosa bailarina, la somnolienta planchadora, la infeliz lavandera, la prostituta barata. Ellas componen el repertorio de imágenes que vienen a resumir el signo de los nuevos tiempos.
Como dijo el propio pintor, "hace un par de siglos estaría pintando El baño de Susana; hoy en cambio pinto Mujer en una tina".

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