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domingo, 4 de noviembre de 2012

Friedrich y el Paisaje (una nota)

Esa unción que concibe el paisaje como un templo, como el rostro de un Dios perturbador y omnipresente, tiene nombre: Caspar David Friedrich. Un hombre de la generación de Hölderlin, Schelling, Hegel o Novalis.
El misterio de sus ruinas sagradas, de sus mares de hielo, de sus bosques neblinosos en los que alienta algo que es muy pobre llamar paisaje traza el clima de desasosiego de un tiempo y un mundo que buscan ya sin demasiadas esperanzas a los dioses a los que Hölderlin acababa de señalarles la puerta de salida.


Si por algo se caracterizan los paisajes de Friedrich es por su dimensión moral.

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