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martes, 18 de septiembre de 2012

Gallé o la belleza aplicada a la vida

En la estela del trabajo realizado por ese exquisito conjunto de artesanos ingleses de mediados del XIX, liderado por William Morris y respaldado intelectualmente por John Ruskin, que se llamó Arts & Crafts (artes y oficios) podemos situar en Francia a l´Ecole de Nancy. En esta ciudad fronteriza que a finales del XIX queda hecha una isla de francesidad en medio de un océano prusiano que inunda la Alsacia y la Lorena una serie de artistas-artesanos vuelven a reunirse para impulsar una alianza provincial entre el arte y la industria que consiga situar a la ciudad de Nancy en el centro del mapa del negocio de la artesanía del hierro, el acero, el cristal y la madera. Y así, gentes como Émile Gallé, Ernest Bussiére, Auguste Daum, Louis Majorelle o Víctor Prouvé asocian sus respectivas energías creativas hasta hacer de este movimiento multidisciplinar una referencia ineludible en la tradición, por desdicha poco extendida, de aplicar el impulso de belleza a los objetos funcionales de la vida.
copa con libélula
De todos sus integrantes quizá sea Émile Gallé el más conocido y acaso también el artista más singular. Refinado intérprete del vidrio como no ha habido otro, Gallé sometió al cristal a todas las posibilidades técnicas al alcance en su época: el esmaltado, la talla, el grabado al agua fuerte, el uso de burbujas de aire o la aplicación de láminas de metal, y en todas supo hallar la hermosura sin olvidar la función. Quizá por eso en un tiempo como el suyo, en el que todavía se valoraban esas cosas, pudo hacerse rico (su fábrica llegó a emplear a más de trescientos trabajadores) sin necesidad de sucumbir a la ordinariez.

En otra ocasión futura, cuando disponga de más tiempo, quisiera tratar con mejor mano la relación de Gallé con los motivos del mar, una relación intensa en lo biográfico y fascinante en lo artístico.

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