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viernes, 16 de septiembre de 2016

Torre Einstein, Potsdam. Erich Mendelsohn, 1917-21


A menudo he visto el nombre de Mendelsohn en la lista de los arquitectos presuntamente expresionistas. Es una simplificación errada, con toda seguridad, producto de las prisas. Si en algo destacan las construcciones de este artista es en la rigurosa adecuación al uso para el que fueron concebidas. Una adecuación, sin duda, original, creativa y llena de talento.
Su trayectoria pasó, como es natural, por varias fases pero esta obra genial de juventud (tenía 31 años cuando se la encargaron) es, en parte, deudora de la concepción ideológica y plástica que Henry van der Velde aplicara a su tan elogiado como desgraciado teatro de Colonia que en 1913 le encomendara la Deutscher Werkbund. Cuando la ¡ª Guerra Mundial finaliza Mendelsohn ya había fraguado las líneas maestras de su vocabulario edilicio en las que siempre destacaron el dinamismo de las formas así como el modo en que logran fusionarse las partes con el todo. Sin embargo, no había tenido muchas oportunidades de ver levantadas sus ideas por falta de encargos. No será hasta 1917, cuando el Instituto de Astrofísica de Potsdam le ofrezca diseñar la Torre Einstein, que Mendelsohn demuestre cómo sus intuiciones biomórficas sobre un nuevo mundo pueden traducirse en un edificio real.


La torre debía alojar un telescopio y, a la vez, un laboratorio astrofísico. El arquitecto planificó estos requisitos sobre una planta axial con perfiles curvos que van elevándose en un tenso “crescendo” hasta alcanzar la cúpula de coronación que debía reflejar los rayos de luz cósmica verticalmente hasta el laboratorio del subsuelo donde un espejo inclinado los dirigía al instrumental que medía los espectros.
Toda la piel del edificio está tratada como una escultura orgánica de formas vagamente bulbosas aunque, en realidad, el material –que debía haber sido hormigón reforzado- tuvo que ser sustituído por razones económicas por una amalgama más barata de ladrillo, acero y hormigón cubierta con yeso para sugerir el efecto y la uniformidad visuales.

Detalle del interior, planta baja

Únicamente añadir que este proyecto tan emblemático contó con la colaboración de un jovencísimo Richard Neutra, que por aquel entonces trabajaba en el estudio de Mendelsohn.


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