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sábado, 4 de mayo de 2013

Puntadas sin Hilo


Cuando pensábamos que la época del “todo vale”, en la que una Consejera de Cultura sin demasiados escrúpulos con el dinero público como Carmen Calvo (“estamos manejando dinero público y el dinero público no es de nadie” decía ufana en una entrevista de los años gloriosos) inauguraba a bombo y platillo una exposición de los reyes del “fleco que viene y va” (léase Victorio & Lucchino)  en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo al grito de “¡la moda es arte!”, había pasado a mejor gloria, vienen ahora los nuevos responsables del ICAS sevillano a traernos ostentosamente disfrazado de sí mismo por un puñado de modistas y modistos (entre los que repiten el dúo Victorio & Lucchino) al pobre de Zurbarán. En esta ocasión se han acordado de sus santas, de los trajes de las santas y de los volúmenes de los trajes de las santas. Y han confeccionado con todo ello un evento cultural al que han titulado sin mucha imaginación “Santas de Zurbarán: devoción y persuasión”. Seguramente convencidos de que lo que falta de devoción por el arte queda compensado con lo que sobra de persuasión por el éxito comercial.

Santa Casilda.
A estas alturas de la historia casi todo el mundo sabe que pretender “poner a dialogar”, como se jactan en repetir los papagayos de la cosa, a Zurbarán (un pintor profundo y radical donde los haya) con diseñadores como Ágata Ruiz de la Prada, Roberto Torreta o los Victorio & Lucchino es como pedirle a Falete que glose los versos del Cántico Espiritual. O sea, una carnavalada más, y otra ocasión perdida. Distinto hubiera sido, por ejemplo, enfrentar Zurbarán a Balenciaga, posiblemente el único modisto español que resista una exposición de estas características. Pero esa habría sido una apuesta más compleja y mucho menos vistosa y populista.
Una cosa es democratizar la cultura (operación, por cierto, siempre arriesgada que no está al alcance de cualquiera) y otra, muy distinta, desvalorizarla y frivolizar con ella hasta el escarnio.
Esta vez le ha tocado el turno a Zurbarán y escuece especialmente que se use su nombre y unas cuantas de sus obras (a propósito, casi todas ellas traídas del Museo de Sevilla y otras colecciones españolas) para hacer creer al pueblo que los trajes y los cuadros que ve en esas salas merecen la misma consideración artística “porque yo lo valgo”.
Nada ha cambiado por estos lares, si acaso ahora cuesta un poco más que antes encontrar el dinero, lo que hace que me acuerde de las palabras de Talleyrand cuando decía: “nadie puede sospechar cuántas idioteces políticas se han evitado gracias a la falta de dinero”.

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