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sábado, 16 de febrero de 2013

¿Por qué la belleza importa?


A menudo el remedio del dolor y el sufrimiento es la belleza. Los grandes artistas del pasado siempre lo han intuido y por ello se esmeraron en alcanzarla, aunque supieran en su fuero interno que sólo la rozarían. Para ellos la belleza, desde luego, importaba y era un valor tan esencial como la verdad o el conocimiento.
¿Y para nosotros? Herederos del siglo XX, nosotros hemos crecido desconfiando de la belleza, considerándola como algo obsoleto, en el mejor de los casos, como una pieza de museo, preciosa pero muerta. Y la hemos sustituido, primero, por la originalidad y, luego, por el desafío y el atrevimiento. Así, fue cuestión de tiempo que la fealdad empezara a reclamar sus derechos.
¿Qué significa hoy preguntarse por el sentido de la belleza? Para la mayor parte de la humanidad es simplemente una pregunta extraña que desconcierta. Pero, ¿y para los artistas? Desgraciadamente, para el sector dominante es una cuestión impertinente, por anacrónica y por molesta. En unas sociedades democráticas donde el criterio de excelencia se ha sustituido por el valor de impacto o de uso o por la rentabilidad social, la belleza es una piedra en el zapato, aquello que nos obliga a enfrentarnos con una realidad más allá de nuestra realidad consuetudinaria, a aceptar la existencia de una dimensión más allá de nuestra materia.
A través de la percepción de la belleza el hombre ha podido moldear el mundo hasta hacerlo su patria, es decir, el lugar donde poder realizarse como hombre, como ser humano. El disfrute de la belleza consigue conectarnos de un modo más profundo con la parte menos explícita y más olvidada de nosotros mismos, y hace que seamos capaces de tomar conciencia de otro sentido, distinto y más enriquecedor, de la vida humana. Perder, por consiguiente, el sentido de la belleza es tanto como debilitar peligrosamente el sentido de nuestra vida.
La belleza importa porque si la belleza no importara el mundo sería aun más horrible de lo que ya es. Un mundo en el que la belleza no tuviera cabida sería, a la fuerza, un mundo más áspero e incómodo, e imposible de habitar para el artista.
La belleza no es una percepción subjetiva, al menos no lo es en nuestra cultura. Es más bien una necesidad elemental del hombre sensible y, estoy seguro, que también del ser humano como especie. Si ignoramos esa necesidad y la despachamos como un residuo del pasado estaremos contribuyendo a extender el desierto, estaremos desertizando nuestro espíritu.
Si algo es la belleza hoy es esperanza. Es la vía de salida por donde escapar del desierto, la ruta que nos lleva, de nuevo, a nuestra patria, al jardín de las delicias.



Nota: de todo esto nos habla Roger Scruton en un fascinante reportaje de la BBC sobre el valor y la vigencia de la belleza en la sociedad de nuestros días. Me ha sido imposible descargarlo aquí pues ha desaparecido del Youtube, pero algo he encontrado como aperitivo:
http://www.youtube.com/watch?v=5zHg7vxrAlo

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