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jueves, 7 de junio de 2012

Indigencia del Arte Conceptual

El ensayista y comisario de exposiciones alemán Boris Groys en entrevista concedida a la periodista Laura Revuelta afirma con respecto al muy estudiado (por él) arte conceptual ruso: "la verdad es que la gente no quería producir ninguna obra maestra. Básicamente, lo que pretendían era reflejar diferentes procesos culturales, sociales y políticos con ayuda del arte".


Y no sé si muy consciente de sus palabras (aunque sospecho que sí, el señor Groys es alemán) da con una de las claves de la esencia del movimiento conceptual, a saber, que el arte no es más que una muleta para ayudarse a andar por los territorios de lo sociológico. La renuncia, la falta de aspiración a la excelencia artística del arte conceptual salta, así, a la vista. El nuevo artista conceptual está, entonces, en otras cosas, básicamente en hacer de su trabajo un canal más de interpretación de lo político, social y cultural. Pero en modo alguno en esforzarse por conseguir una nueva obra maestra, en centrar sus esfuerzos de artista en el avance del arte, su, en principio, opción personal.
Querer hacer, pues, una obra maestra, tan siquiera una obra con estricta voluntad artística es una opción, para él, anacrónica y estéril. Preferible le parece el destino, más prosaico y llevadero -pero sobre todo más rentable-, de peón del cambio social y político, en el hipotético caso de que se produzca, como ocurrió en la Rusia bolchevique. Por eso el arte conceptual es un arte necesariamente subvencionado por las instituciones públicas del nuevo establishment político. Ambos se necesitan mutuamente, aunque uno mucho más que el otro para poder sobrevivir.

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