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lunes, 25 de junio de 2012

Holanda en pedales

Este verano voy a andar por Holanda. No es la primera vez que voy pero en las dos ocasiones anteriores no salí de Amsterdam, una ciudad, dicho sea de paso, donde es difícil aburrirse si lo que a uno le gusta es lo que a mí me gusta. Me refiero, naturalmente, a los jardines, los mercadillos, la arquitectura urbana y el arte flamenco, de Brueghel el Viejo a Van Gogh.

 
Esta vez voy con más tiempo y con la intención de darme una vuelta por todo el país. Y en estos casos tengo por costumbre, además de llevarme una buena guía y una lista manuscrita de museos, palacios e iglesias inexcusables, leer cuantas opiniones caigan en mis manos sobre el pueblo a conocer de personas en cuya solvencia intelectual creo. Y en esas estaba cuando me topé con unas notas del mejor vestido de nuestros filósofos, Ortega y Gasset, que en su día se publicaron en el diario argentino La Nación. En ellas, con su habitual sentido del humor un tanto remilgado, el pensador madrileño se fija en lo que considera algunos de los rasgos distintivos del pueblo holandés, a saber, su natural sentido de lo práctico y su arraigada tendencia al ahorro.
No me juzguen mal si creen que les he destripado el intríngulis. En Ortega la carpintería, en demasiadas ocasiones, importa más que el mueble. Así que lean, lean y disfruten (si son capaces) del pensamiento en marcha de don José:
" Hablemos de las bicicletas en Holanda (...) La cosa no tiene remedio: lo primero que al llegar a Holanda pasa al viajero es que le atropellan las bicicletas (...) Holanda es un país habitado por ocho millones de hombres y cincuenta millones de bicicletas (...) En Holanda va en bicicleta todo el mundo: el rico y el pobre, el joven y el viejo, el hombre y la mujer, el súbdito y la autoridad (...) Pero sería impreciso suponer que es la abundancia de ciclistas lo que efectivamente sorprende. No, lo que extraña es el uso de la bicicleta (...) Los demás pueblos del mundo consideran la bicicleta como un aparato adscrito al juego y al deporte (...) Y su aprovechamiento secundario se reduce a lo estrictamente inexcusable: sólo se acude a él cuando no hay otro remedio o cuando la humildad de los medios económicos lo impone como una triste necesidad (...) Pero en Holanda todo el mundo va en bicicleta, cualquiera que sea su edad, su sexo, su volumen, su fortuna agita sus piernas sobre los pedales como si fuera lo más natural del mundo (...) Que personas de edad y volumen caminen en bicicleta constantemente en medio del tráfago de una gran ciudad es estúpidamente arriesgado, es injustificadamente fatigoso y es... deplorablemente antiestético (...) El holandés sabe que su uso de la bicicleta es arriesgado, fatigoso y antiestético, como podamos saberlo nosotros. Pero sabe también que es el medio de locomoción más barato y, a diferencia de nosotros, prefiere la calidad "baratura" a la belleza, a la comodidad y a la evitación de riesgos. En esta preferencia radica su absoluta responsabilidad (...) Probablemente a un buen holandés le parecerá absurda nuestra impresión. Pues qué, ¿no es importante que un problema práctico se resuelva del modo más barato posible? Sin duda -diremos nosotros- la cuestión está en si eso es más importante que la belleza, que la comodidad (...) ¿Por qué no hacer de sí mismo, un poco, fiesta para el prójimo? (...) ¿O es que el holandés sabe que tampoco el otro se fija en él porque también le preocupa demasiado el lado económico de las cosas; es decir, que el holandés no existe para el otro holandés como el ser que cada cual es, sino sólo indirectamente, en cuanto interviene en una relación económica y sus derivadas (...) pero no frente a frente, escuetamente, hombre frente a hombre?".
¡Jesús! La conclusión me pone un poco nervioso: ¿Acaso voy a ir a un país en el que para existir como hombre voy a tener que sacar mi cartera? ¿Me tratarán los holandeses como a un ser humano sólo si consumo y pago lo justo por lo consumido?
Y lo que es peor: ¿voy a estar quince días conviviendo entre fantasmas que andan a dos ruedas?
En fin, espero volver para contarlo.

 

1 comentario:

  1. Al contrario que opina Ortega y Gasset, no creo que sea un medio antiestético, más bien, todo lo contrario.
    Tened cuidadito con las bicicletas de todos modos ;)
    Marta.

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