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martes, 13 de septiembre de 2011

Rock & Dios

Que Dios es ubicuo o, en un lenguaje más rockero, que está hasta en la sopa lo canta el hecho de que el mismo Dios tiene mucho que ver en el nacimiento, precisamente, del rock (esa música del diablo, como sin embargo algunos la interpretaron).
Me explico: si el rock empezó a dar sus primeras sacudidas en unas pocas salas de baile y algunos rudimentarios estudios de grabación del rancio y profundo sur de los Estados Unidos -y no, por cierto, en el burgués, cosmopolita y más desinhibido norte- ¿no será porque esa tierra era un idóneo caldo de cultivo para que aquellos jóvenes que lograron salir con vida de la 2ª Gran Carnicería Mundial pudieran desfogar su angustia y rabia vitales a través de los sincopados ritmos de una nueva música?
No deja de resultar llamativo que los pioneros del rock and roll fueran hijos de familias pías, racistas, básicamente analfabetas y bastante proclives al bourbon. Familias como las de Elvis Presley en las que se recitaba de carrerilla muchos pasajes de la Biblia y donde la cita con la iglesia los domingos y fiestas de guardar era una responsabilidad contraída sin rechistar.
Iglesias a las que se iba a pedir a Dios un puesto de trabajo en esos tiempos difíciles y, entre tanto, algo de solidaridad que llevarse a la boca a sus sacerdotes y adeptos. Y todo ello se aderezaba con cánticos que evocaban a los de los antiguos negros de las plantaciones.
Entonaciones y armonías vocales cada vez más elaboradas, siempre junto al púlpito, que más tarde y con gran aprovechamiento utilizarían The Byrds, The Mamas & The Papas o los dulcísimos Simon & Garfunkel, por poner sólo ejemplos canónicos.
¡ Y qué decir de sus mitos fundacionales! Elvis, Jerry Lee Lewis, Johnny Cash, Fats Domino, todos ellos más sureños y católicos que la Blanca Paloma.
Hasta en los mismísimos Dylan o Bruce Spingsteen se puede rastrear una abierta iconología católica que va desde el rosario y la cruz hasta la factura musical de sus canciones más célebres (Like a rolling stone, Thunder road) que funcionan como verdaderos himnos de trance, con efectos purificadores en la masa enfervorizada.

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