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martes, 24 de mayo de 2016

PABELLÓN DE LA SECESIÓN, J M OLBRICH, 1898

Pabellón Secesión, 1898

 No es tanto un edificio –que también- como un manifiesto programático y un acto de autoafirmación. Y así fue entendido desde el principio por la mayoría de los vieneses que no supieron digerirlo fácilmente. En realidad, es un templo del arte nuevo y disidente, que en Viena adoptó el nombre de “Sezession”, levantado con el único propósito de exponer en su interior las obras artísticas más destacadas de dicho movimiento. Por ello en 1986 el Estado austríaco decidió instalar de forma permanente en su planta baja el enorme friso que Klimt dedicara a Beethoven, de 34 metros de largo, y que el artista hizo para la XIV Exposición de la Secesión vienesa de 1902.
Olbrich, destacado discípulo de Otto Wagner (y mucho más interesante e innovador que él), fue su autor y uno de los arquitectos más influyentes de la arquitectura moderna que estaba a punto de llegar. El destino truncó su carrera cuando aún no tenía 40 años y este hecho nos ha impedido disfrutar seguramente de una de las evoluciones personales más fascinantes y complejas de la arquitectura europea del siglo XX.



Morfológicamente es un cubo blanco y compacto conformado a través de diferentes volúmenes. El edificio enfatiza su simetría con la escalinata de ingreso y la semiesfera de hojas de laurel doradas que corona la entrada entre cuatro pilares. El interior, dedicado a exposiciones, se halla dividido como una basílica, con su alta nave central y dos naves menores a cada lado. El sistema de iluminación de dicho espacio es verdaderamente magistral: un doble acristalamiento el cual permite recibir la luz cenital, en primera instancia, a través de unas enormes cristaleras a dos aguas ostensiblemente visibles desde el exterior para, acto seguido, llegar al interior filtrada de nuevo por un cielorraso que logra esa iluminación de la galería tan discreta y agradable al ojo.
Destacar, como colofón, la divisa en letras de oro del frontispicio: “A cada época su arte, al arte su libertad”.

Maqueta del Pabellón.



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