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viernes, 31 de agosto de 2012

Cercados por el Mal Gusto

¿Por qué el Poder tiene, por lo común, tan mal gusto? Porque obsesionado por el esplendor y la pompa, reformula por tierra, mar y aire, las construcciones y monumentos de la romana Roma, sin reparar en las verdaderas dimensiones y necesidades de sus actuales imperios.

¿Por qué el pueblo tiene, por lo común, tan mal gusto? Porque obligado a hacer de la necesidad, virtud, extrapola su domus, su doméstico dominio, a todo aquello que le rodea hasta conseguir hacer de la calle, el barrio o el parque una prolongación de su salita de estar. Así es como primero impulsa y luego refrenda a sus respectivos regidores (en eso también la democracia resulta muy útil) para que, por ejemplo, un parque se convierta en zona verde o una plaza en área de recreo infantil.
Y ¿por qué tienen, por lo común, los artistas dedicados al arte público tan mal gusto? Aquí las razones son varias aunque pueden resumirse en dos: los más ingenuos (que acostumbran a ser, asimismo, los más torpes) por querer complacer o bien al mecenas con dinero público o bien directamente al público (esa buena gente del pueblo). Y los más intrépidos, por pretender, sobre todo, dejar su huella original e imborrable en el suelo, sin recordar que no hay más origen que la voz de la tierra.

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