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jueves, 30 de agosto de 2012

Degas, el dibujo que danza

Hay libros que una vez leídos te abastecen de razones que confirman tu destino, tu vocación en la vida. Libros que llegan para darte una alegría, para apoyarte y garantizar que no te has equivocado en aquello que consideras más esencial. Esto es lo que me ha ocurrido con Degas Danza Dibujo, el libro en el que Paul Valéry elucubra con maravillosa agudeza poética sobre el arte, el carácter y la técnica del "dibujante más inteligente, más reflexivo, más exigente y más empecinado del mundo", Edgar Degas.

Valéry cuenta con la ventaja insuperable de haber intimado durante años con el pintor y de haber podido frecuentar los círculos artísticos del París de finales del XIX y principios del XX, una ciudad en la que uno todavía podía cruzarse con Renoir, Monet, Cézanne, Morisot, Rouart, Mallarmé, los Goncourt o Zola, además de Degas, naturalmente.
El libro es un refinado manjar para todo aquel que sepa degustar las intuiciones geniales, el gran estilo elegante y lapidario y los intercambios entre las distintas artes. De los numerosos libros que sobre Degas he leído, éste -que ni mucho menos se centra sólo en el personaje- es el que con más emoción e inteligencia me ha acercado al artista, a ese artista que no tuvo inconveniente en exclamar una vez en público delante de algunos colegas: "La pintura no es muy difícil que digamos cuando no se sabe pintar... Pero cuando se sabe... ¡uy!... entonces...¡La cosa cambia!".

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