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martes, 17 de enero de 2017

Algunos Pintores Lejanos: Frederic E. Church





Entre 1850 y 1870 Frederic E. Church se erigió en el más genuino representante de la pintura de paisaje en Norteamérica. Su destino como insigne paisajista queda marcado ya desde sus inicios como alumno aventajado de Thomas Cole dentro de lo que se ha llamado “la Escuela del río Hudson”. Siguiendo los consejos de su mentor artístico abrió un estudio en la ciudad de Nueva York que enseguida se hizo con una enorme reputación entre la adinerada burguesía no solo neoyorquina.

La estación de las lluvias en el trópico, 1866


Lo interesante del paisajismo de Church (así como el del resto de sus colegas de escuela) es que evitara a conciencia el fuerte influjo del realismo protoimpresionista europeo encarnado en la figura de un Constable en Gran Bretaña o en la Escuela de Barbizon francesa. Probablemente, como sugiere Barbara Novak, esto se debiera a que Church y sus compañeros estaban más interesados en la búsqueda de lo remoto manifiesta en el “luminismo”. Así, el “luminismo” representa un distanciamiento tardío de lo pintoresco que es sustituido por lo sublime, algo mucho más acorde con el paisaje americano. Lo sublime americano es el rasgo característico del paisajismo de Church, unas amplias vistas de naturaleza tan prehistórica que podrían ser visiones míticas de un Nuevo Mundo edénico. En este sentido, conviene tener en cuenta que desde mediados de siglo Church cae bajo el influjo del renombrado naturalista y explorador alemán Alexander von Humboldt cuyos trabajos y estudios, sobre la base de su expedición americana de 5 años (1799-1804) por distintas tierras del Nuevo Mundo, fueron ampliamente traducidos y leídos tanto en Europa como en Norteamérica. En su obra Humboldt aconsejaba encarecidamente a los artistas que viajaran y pintaran Sudamérica y, en concreto, su zona ecuatorial. Church siguió su consejo e hizo dos expediciones: la primera a Colombia y la segunda a Ecuador. Viajes de los que trajo un abundante número de apuntes y dibujos que le sirvieron de base para sus posteriores grandes cuadros de paisajes ecuatoriales.

Sabemos que el estilo de Church y, en general, el paisajismo norteamericano de la época estaba muy interesado por reflejar los efectos del clima y, en efecto, en el luminismo el cielo suele adoptar un resplandor atemporal. Ahora bien, el luminismo es inconcebible sin la topografía de ríos y lagos, láminas de agua, al fin y al cabo, que reflejan y amplifican la luminosidad de los cielos. De este modo, podemos afirmar que es el factor acuático del paisaje norteamericano, en especial el de la Escuela del Río Hudson, lo que posibilita un paisajismo único, entreverado de tensión y trascendencia. 

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