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sábado, 27 de octubre de 2012

Corrupciones Hermanas

¿Cómo se viviría en España sin la viscosa carga de la corrupción política o el asfixiante hábito del fraude fiscal? Eso mismo se acaban de preguntar en Italia algunos medios de comunicación y en las cifras que han ofrecido se halla la mejor respuesta. Tirando por lo tímido (léase Tribunal de Cuentas), unos sesenta mil millones de euros cuesta al honrado contribuyente italiano (es decir, todos los que no tienen más remedio) la impotencia del estado para hacer cumplir sus leyes.
En España, según los técnicos de Hacienda, en la bolsa de fraude caben unos ochenta mil millones (de euros, por supuesto). Y puede que siga llenándose con las nuevas subidas de impuestos. Aquí, como en Italia, defrauda hasta el más pintado (en este caso, léase algún miembro de nuevo cuño de la familia real) y quien no lo hace es, ay, porque tampoco puede.

No sé si servirá de algo que se aprueben leyes anticorrupción que impidan algo tan natural como que los políticos condenados por prácticas corruptas no puedan volver a presentarse a unas elecciones. En Italia han tenido que desalojar del poder a un anciano y empolvado delincuente de apellido Berlusconi para que alguien como Domenico Zambetti, arrestado por comprar votos a razón de 50€ la unidad a la mafia calabresa, no pueda volver a salir diputado. Y lo más curioso es que Berlusconi y su Pueblo de la Libertad fueron elegidos en su día como la salida más honorable para superar aquello que se llamó el caso Tangentópolis ("ciudad de las mordidas") que con epicentro en Milán sacudió todas las estructuras políticas de la nación hasta terminar en la disolución del parlamento en 1994 y la detención de un rosario de altos cargos de casi todos los partidos. ¿De qué sirvió entonces el movimiento Mane Pulite ("manos limpias")?
el diputado Viera
En España ni siquiera ha habido eso. Las manos (blancas) las hemos utilizado para denunciar la barbarie terrorista de ETA (que ahora se sienta y se siente a sus anchas en el parlamento) pero todavía no hemos empezado a utilizarlas para empujar a su casa (o a la cárcel) a los responsables políticos del fraude masivo de los Eres en Andalucía, por ejemplo.

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